¿Debe ser gratis la música cristiana?

Resulta complicado luchar contra la distribución libre de canciones religiosas en la red

Si se introducen en cualquier buscador de internet las palabras “música”, “cristiana” y “gratis” el volumen de resultados supera los tres millones y medio de páginas.

Al usuario que escucha este tipo de canciones se le puede plantear un debate interno. Si la música cristiana busca evangelizar, ¿debe llegar a todos los lugares y personas posibles y por tanto es bueno que sea distribuida de forma gratui

ta en la red? O, ¿por encima de ese anuncio de la Palabra de Dios debe primar el aspecto económico o de negocio de las distribuidoras o discográficas?

Quizá resulte complicado poner en una balanza ambos aspectos. Producir música de calidad cuesta dinero. Un disco puede superar fácilmente los 4.000 euros en su producción en estudio. Pero cualquier artista, por lo general, que se dedica a componer y cantar música cristiana tiene como objetivo la evangelización.

Recientemente, algunas bandas musicales y discográficas han optado por emitir su música en plataformas como Spotify, en la que por descarga legal o porque un usuario escuche una canción, el artista recibe una compensación económica.

Es evidente que, salvando excepciones, un joven –el futuro del mercado–  no se comprará un disco físico y si una canción le gusta la buscará y descargará gratuitamente en Internet. Para ello puede acceder a esos más de tres millones y medio de sitios web que comentaba al principio y hacer click para descargarse un CD completo, si es que alguien lo ha colgado previamente en la Red. Otra posibilidad que tiene a su alcance es la de buscar en el portal de vídeos Youtube el videoclip de la canción que desea escuchar y extraer el audio con un software. Incluso tiene la opción de grabar el sonido interno de su ordenador mientras la música suena en la página oficial del cantante. Son muchas posibilidades como para luchar contra todas ellas.

Quizá la industria de la música en general, y la de la cristiana en particular, deba reconducir su modelo de negocio. Es decir, intentar cubrir gastos de producción y distribución en venta de canciones a través de Internet –poca recaudación– y en venta de entradas en los conciertos. Algunos grupos como Worth Dying For optaron hace poco por regalar una de sus canciones a través de la web.

Resulta complicado luchar contra la distribución libre de canciones religiosas en la red. La música cristiana debe evangelizar, pero ¿a qué precio? ¿Es mejor ganar dinero o ganar un alma para el Reino de Dios? Es algo que choca con la moral cristiana, la cual considera que robar es un pecado.

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